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martes, 13 de octubre de 2015

SIN RUMBO FIJO Y SIN PLAN




Conducíamos sin rumbo fijo y sin plan, pero con la firme idea de estar juntos, de conocernos más. Cómala fue la primera opción y hacia ese rumbo no dirigimos. Tú sintonizabas lo que sería la banda sonora de esa nublada tarde, en cada una de las estaciones de radio buscabas la canción que se adhiriera al momento y siempre encontrabas la adecuada. Yo me sentía muy feliz de estar a tú lado, dejaba mis problemas atrás para ser tuyo más que hace diez minutos. Todo alrededor en Cómala en tiempo de lluvias es hermoso, y yo no sabía que ver, si el paisaje o tu bello rostro. Paramos en una tienda y justo empezó a llover, que tarde tan bella, como mandada a hacer. Compramos cerveza y chucherías, cosas que dos que se aman buscan y quieren. Seguimos el camino rumbo al norte de Colima, por esa bella carretera que pasa por Suchitlán. Todo verde, llovía, todo era belleza, amor y armonía. De repente, queriendo o sin querer, tomaste un caminito que nos desembocó en un bello paraíso. Todo era hermoso, pero más hermoso era estar contigo, que estabas pegadita a mi por el frío. Se veían muchos pinos, árboles, y la bella ciudad de Colima con toda su gala de noche. Me atreví y te di un beso, uno de esos besos que dejan lunares y bellos momentos, besos que te llevan a la luna en cuestión de labios. De regreso a Colima, llegamos a un café que se encontraba aún costado de la carretera, un localito con luz tenue que incitaba a todo. Nos sentamos en una banquita a tomar café y té, al fondo había un mejor lugar pero estaba ocupado. Platicamos, reímos, jugamos y más y más nos  enamorábamos, como no enamorarse cuando se es joven y se tiene el alma de terciopelo. Continuamos nuestro regreso hacia Colima, llegamos por más bebida y nos fuimos a nuestro nido de amor. Estábamos nerviosos pero ganosos. La noche con vestido de lluvia era el amasijo perfecto para recorrer tu extensa suavidad de mujer. Bailamos un poco, bebimos menos y reímos mucho más. Caímos a la cama mientras sigilosamente te desvestía y me desvestías. Nos besamos con asombrosa pasión, nos esculcamos detenidamente todo el credo de nuestra unión. Te saboree todita, no deje nada a la sombra, no me quede con ganas de nada, era imposible no talar todas las ganas de tu ser. Conducíamos sin rumbo fijo y sin plan, pero al llegar la noche el amor nos hizo, nos planeo y nos fijo. 

Modesto Ivan Zepeda Jr.


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