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domingo, 4 de diciembre de 2016

PUERTA TRASERA


A veces no existía más remedio que salir corriendo por la puerta  trasera en lugar de pedir permiso. Mi padre en su tiempo de fuerza y mando absoluto era muy duro, estricto, escaso de simpatía para otorgar permisos, él prefería llevarnos al rancho a trabajar que dejarnos salir a jugar. En una ocasión que le pedí permiso para ir al cine no me lo dio, me lo negó rotundamente y me quede muy afligido y sin más me mando a ponerme mis botas y a que cogiera mi ánfora para llenarla con agua. Mientras me ponía mis botas lamentaba mi mala suerte y lo gacho que era mi padre, tenía tantas ganas de ir al cine que no me quedó más remedio que salirme por la puerta trasera y correr y correr hasta alcanzar a mis amigos. Mi corazón quería salirse de mi pecho y la adrenalina era mucha. A decir verdad no disfrute de la película, el hecho de pensar en la tunda que me esperaba al regresar no me dejo pasármela bien. Cuando regrese a casa mi padre me estaba esperando en la mesa mientras cenaba unos tacos de nata y frijoles. Entre con mucho miedo, sabía lo que me esperaba, mi padre me miró con unos ojos llenos de no sé que carajos, pero en el fondo de esa mirada de padre había respeto, un respeto hacia un niño que tuvo los huevitos para hacer lo que muchos nunca harían ni harán. Después de la mirada, mi papa, con su voz de padre me mando a mi recámara sin cenar, que más daba, yo ya me había hartado de palomitas y golosinas. Nunca olvido ese día, fue la primera victoria de libertad frente al inquisidor que es mi padre.

Modesto Ivan Zepeda Jr.

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